Indagación Personal, ejercisios para tomar contacto con la culpa

Este lunes en Mooladhara hablaremos de la culpa, trabajando con el libro de Norberto Levy, La Sabiduría de las Emociones encontré estos ejercicios bastante fácil de hacer, si uno está con ganas de trabajar esta emoción, como dice Levy escuchemos los mensajes que nos traen las respuesta, tengamos a mano un cuaderno o papel para anotar todo lo que vamos procesando, podemos hacer cada ejercicio cada día, para poder integrar todo lo que nos va sucediendo en esta propuesta,
Espero de corazón que les sea útil y lo disfruten, parte del trabajo personal es darnos cuenta que cada paso que damos habla de nuestra intención de ser cada día mejor y vivir más plenamente.
Un beso grande Clr. Pupi Larroudè

Si usted está experimentando un sentimiento de culpa torturador y crónico, le propongo que realice la siguiente indagación personal:

-Instálese cómodamente y concédase unos minutos de intimidad para formularse algunas preguntas y disponerse aaprender de las respuestas que surjan.
Dirija su atención hacia su interior y trate de completar la siguiente frase: «La culpa que siento es como si una voz inte-rior me acusara de…»
Una vez que ha escuchado y reconocido esa voz interior culpadora, conviértase en ella por unos instantes y, siendo esa voz culpadora, déjela fluir con la mayor libertad que pueda y dígale al aspecto culpado, como si lo tuviera delante de usted:
a) «De lo que te acuso es…»
b) «Lo que siento hacia ti por lo que has hecho es…»
c) «Y mi modo de castigarte —en caso de hacerlo— es…»
d) «La norma que has transgredido es la que dice que…»

En un gran número de personas el mero hecho de poner en palabras la norma que está rigiendo comienza a ordenar la situación porque permite sacar a la luz y ver con claridad cuál es el código que está imperando. Por esta razón es importante que logre definir con la mayor precisión posible el contenido de la norma en juego.
Una vez que haya completado los cuatro pasos, póngase en el lugar del aspecto culpado, registre qué siente al oír lo que se le ha dicho y observe desde allí si está de acuerdo o no con esa norma. En caso de que no lo esté, dispóngase a debatir con el culpador acerca de ella hasta que alcancen un acuerdo.
A menudo el culpador experimenta algún sentimiento de dominación, autoritarismo o poder sobre el culpado, como si se sintiera «el que manda». Si eso le ocurre a su culpador, recuerde que el culpado tiene derecho a proponer cambios en las normas, que es un socio del culpador y que cada uno cumple una función complementaria; por lo tanto, este debate interior será de «igual a igual», en el que aquel lo que gravitará en la discusiónserán los argumentos y razones de cada uno y no algún principio de autoridad esgrimido por el culpador.
Procure que el diálogo continúe hasta que alcancen un acuerdo que ambos puedan suscribir, lo que implica que cada uno sienta con claridad que no hay sometimiento en su aceptación sino el reconocimiento de que la norma que han construido es realizable, deseable y necesaria.
Recuerde que en cada norma suele haber un núcleo esencial que ambos comparten y que la tarea a realizar consiste muchas veces en actualizar la forma a través de la cual trata de aplicarse dicho núcleo, como para que dé cabida también a las necesidades presentadas como legítimas por el aspecto
culpado.
Cuando ha alcanzado este acuerdo interior, que siempre es posible, teniendo en cuenta especialmente que se trata de dos aspectos de la misma unidad, de «dos tripulantes del mismo bote», ya están dadas las condiciones para abordar el segundo tema de este problema, tarea que le corresponde iniciar al as-
pecto culpado.
Trate de ponerse en su lugar, una vez más, y convirtiéndose en él comuníquele al culpador de qué modo necesita que él le informe de que ha transgredido una norma cada vez que esto sucede, para sentir verdaderamente que él lo ayuda.
Una vez que lo ha descubierto y comunicado, póngase, otra vez, en el lugar del aspecto culpador, escuche lo que el culpado acaba de decirle, y hágalo tratando de recordar que su función esencial no es torturar al culpado por sus transgresiones sino ayudarlo a instrumentarse para estar en condiciones de respetar las
normas que ambos han convenido que los rijan.
Si usted ha conseguido identificar a su aspecto culpado y a su aspecto culpador y ha logrado, además, desplegar el diálogo entre ambos poniéndose en el lugar de cada uno, seguramente
encontrará que ha dado un paso importante y significativo en la resolución del sufrimiento que produce la autotortura impotente de la culpa disfuncional.

Fuente: La sabiduría de las emociones – Norberto Levy

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Acerca de mooladhara

Hacemos juntos un viaje de 30 cm desde la cabeza al corazón, Mooladhara un programa de radio para difundir herramientas para la vida desde el Counseling y la Diksha.
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